|











más bien
es poseedor de un sol
un sol
le pertenece
órgano
el sol de sus voces
suyas
sale a
tomar el sol de sus voces
el
solitario sale a tomar el sol de sus voces
Rolando Revagliatti
Argentina
revadans@yahoo.com.ar

PREDICCIONES
Bosteza y abre una revista
que ofrece calendario y adivina fortuna. Cargado de curiosidad busca
leer la predicción en turno. Nació el día ocho de la Luna Entonada, del
año del Mago Magnétic Blanco y sólo ahora se viene a enterar, es un
caminante del cielo eléctrico rojo y apenas empieza a creer saber lo que
pisa. Recuerda a su amada, presiente a lo lejos el dolor de muelas que
le sobrevendrá cuando su ausencia le muerda la boca.
Lee que su Luna es del pavo
real y ve en ella su voraz vanidad devorando granos mientras muestra el
culo creyendo que despliega alas. Le explican sin éxito que su planeta
es Antares, que es ojo de Itzama, serpiente marina, escorpión, estrella
Beta, Hércules. Despistado, no se reconoce.
Fascinado sigue leyendo y
descubre que es su elemento: Tierra y llenando de aire sus pulmones
traga saliva que baja como fuego al fondo de su incredulidad. Intuye que
esa tercera persona que narra omnisciente desde la revista le dictará
las palabras que está a punto de decir, y habla.
VIBRA EL ARPA
Me falta por recorrer tu
cuerpo entero, no he tocado de ti, cuerda ni madero; ni un milímetro ha
recorrido mi ingenuidad que brinda huellas, tengo la certeza que un sólo
roce en tu tonalidad generará el esplendor, y olvidaremos que somos
rieles paralelos para empalmar como tren brioso y túnel que resguarda;
internándonos en ese eclipse que espanta al proyectar sombra de
eternidad. Dame el alfa, la clave de sol; muéstrame sin pudor el punto
“G” para la convulsión de estreno. ¿Callas?, concedes que dé inicio...
vibra arpa, mientras acaricio con la púa aquella cuerda que elegí… la
que une muslo y pantorrilla, justo allí, tras tus rodillas.
EL TALÓN
Que más podrías, nieta de
Aquiles, que cantar entre las pulsaciones de tu atrapado corazón, que
rogar porque el veneno se riegue entre el bamboleo de mimos y el desfile
de vidrios triturados que presientes. Herida estás, de muerte,
entregada a que los ríos de savia te desborden en la intoxicación por
sobredosis de cobalto. Febril esperas que se extienda en tu paisaje
aquella pócima que en certera puntería te ha irrigado la saeta enviada.
Goza y cántale al oportuno festín de los perniles, que de un solo bocado
te ha tragado. De nada vale retirar el dardo que encontró tu débil
punto, déjalo volver allí las veces que prefiera; pide que lo lance otra
vez, ruega porque encuentre de nuevo esa nota que a vibrar te manda.
Clave de sol, que entre acordes te convierte en Mesalina, entrégate
toda, déjate pulsar, abre el compás de tus piernas que te convierte en
melodía.
BEBE
Querida muchacha, zambúllete
a ojos cerrados bajo las aguas del Cauca, acaricia el agua con tus
movimientos rítmicos, danza y canta en el borde de las olas y espera
confiada que ellas giren a tu alrededor como lo hacen los planetas en
torno al sol. Tu tristeza sólo es la sombra del miércoles, espántala en
el recuerdo de cuando fuiste hija de la niebla; pasa cabalgando sobre
ella bajo el puente del arco iris, sin desfallecer un segundo. Empuña tu
ira para guardarla en la funda de la indulgencia. Comprende la enorme
ventaja que entraña el olvido y toma de la copa mágica que calma la sed
de verdad, esa que una vez despertada, nunca se apaga hasta que es
satisfecha. Bebe.
VIAJERA
El Sol de media noche alumbra
para ti, empeñada en mirar el termómetro que marca la ausencia; sólo el
frío te arropa desde lejos. El olor a bacalao seca tu boca, que intentas
endulzar, escuchando a Edward Greig. Te recuestas ingenua en el recuerdo
de aquel barco que ya zarpa, ves girar allí tus distintas posiciones de
ánimo y, fatigada, apartas la mirada de ese elixir. Aún no es tiempo de
regresar, atrapada en medio de las gargantas labradas entre las rocas
gimes la última vocal queriendo salir de ese laberinto vertebrado.
La Aurora boreal se te sube a
la cabeza. Las tristezas y el aire entran fatigados haciendo esquí entre
tus grietas. Sueñas el retorno y pretendes ser pluma de águila ártica y
regresar al tibio nido. Las miríadas de mosquitos te despiertan, un
Troll roba tus huevos y una gota salada se abre paso hasta tu boca, la
bebes y reanudas la lectura de los petroglifos llegados de la distancia.
Tu jersey, de pura lana de
alce y hecho a mano, contiene el trepidar de tus fibras que añoran
volver a donde surgieron. Es el dolor más septentrional del mundo, una
separación cubierta de musgo, un reclamo es cada célula pidiendo que
retornes. Posas entonces tu silencio en el hombre que te mima, le
perdonas que sea semilla de esa tierra que te tiene prisionera. Le
prodigas tu cadencia en clave de mi contenida, lo haces vibrar con una
nota si a la deriva mientras lo consuelas dejando que sea intérprete de
tu instrumento afligido. Te pregunta de tus planes y le ocultas que
acaricias la idea de volver, que tus oídos reclaman los susurros de tu
patria. Todo es tristeza en ti, dulce Vikinga estacionada.
CUEVA DE MIME
Despierta, Brunhilde, vela
para que no te paralice el desaliento, recuerda que posees la calidad
esencial de todo buscador de la verdad: la falta de miedo. Vamos, forja
para mí la espada que ningún herrero ha podido regalarme. Yo por ahora
blando la desbaratada Nothung, ya que soldé sus pedazos y la rehice a
pulso sin consejo de artesano. Dale, sé tú el caldero, vierte el cálido
metal y deja que yo golpee sobre el yunque hasta fundirla-fundirnos en
aleación sonora. Y entrégame el anillo, no seas obstinada, déjate
domar por quien sólo conoce miedo y derrota en las hojas del
diccionario. Decide rápido, apúrate, ya llego. Me sumergiré hacia tu
roca rodeada de fuego, pasaré firme entre ella sin quemarme, guiado por
el ave de la intuición despertaré y cortejaré a la belleza durmiente,
buscando que me concedas lo que con tanto ardor he perseguido durante
muchas vidas. Sin desviarme, te acogeré en mis brazos y en la armonía de
las esferas con un beso ferviente, despertaré al espíritu de la verdad
de su largo sueño y cabalgaremos desde la madrugada hasta la medianoche
en el más impetuoso de los corceles celestes. Despierta, Brunhilde, no
sigas sumida en sueños, despabila tu intrepidez soltando el nudo que te
ata, quema esos lazos en el círculo de las llamas encendidas. Entérate
insomne que lo que voy a decir se cumplirá: Si vuelvo a encontrarte
delirando como ahora, no seré llamado Siegfried y diré que Mime, el feo
Nibelungo no es un enano; si, echándote mano, no te despojo del vestido
que cubre tus vergüenzas y no te envío golosa a tocar la flauta entre
los lirios. Advertida quedas.
Aymer Waldir
Colombia
|
Sección en la que se admiten
colaboraciones de lectores y escritores diversos, en prosa y poesía...
Responsables de la selección:
Lola Bertrand
Issa Martínez
Sergio Palomo
Luis E. Prieto
|
| 
ESPACIO
ABIERTO
(Número Cero)
Todo
proyecto, y más si es literario, necesita abrir sus ventanas al
mundo, si no fuera así terminaría por ser un “guetto” para unos
cuantos elegidos que concluirían devorándose a si mismos.
Esta
sección ESPACIO ABIERTO nació con un fin muy concreto y
definido: hacer de puerta y ventana para los muchos y buenos
escritores que pueblan este amplio mundo de Internet.
Es el
deseo de la revista PALABRAS DIVERSAS,
que en estos momentos está naciendo al mundo virtual, que
ningún escritor de habla hispana que sepa y tenga algo que decir
vea cortadas sus alas por falta de espacio donde poder
volar y exponer sus letras, aunque es bien cierto que, incluso
en este rincón abierto, la calidad literaria de los textos
publicados será una premisa “sine qua non”.
Necesitamos -y queremos- que nuestra voz se escuche
en muchos y diferentes lugares , que nuestra revista
pueda conseguir aunar “palabras diversas” que sean capaces de latir
con un mismo
afán: dar a conocer la cultura.
Solamente
espero que los muchos que nos van a leer de hoy en adelante
se animen a escribirnos y mandarnos sus colaboraciones
para este ESPACIO ABIERTO
que puede ser la casa de todos.
Cordialmente
Lola
Bertrand
Equipo
Editor

DEL AMOR Y LA MUERTE
Por la ventana de la cocina se filtra la luz
arrolladora
hasta el fondo del recinto, hasta el fondo del
alma.
Hay siete moscas malditas, siete granos en el
corazón,
en el corazón de fuego que ya empieza a calentar
la mañana.
En el corazón rusiente de ideas y proyectos
que amenazan el descanso.
Dame el hielo benefactor de tu amor
que quiero controlar el ansia y el recuerdo
que quiero honrar el ocio
y apagar los motores de mi mente.
Que quiero dedicarte el tiempo
que tu alma y tu cuerpo se merecen.
Y quiero hablar de trucos de la vida y la
muerte.
De la vida, cómo alargarla con amor, gozo
y un poco de suerte.
De la muerte, cómo engañarla uniendo tu ingenio
y el mío,
cuidando, un poco, la salud,
mostrando, a la maldita, que nuestro empeño de
vivir
es aún más fuerte.
Y cuando, con ayuda del tiempo, nos derrote
será falsa victoria...
tu ternura quedará flotando en el ambiente
buscando la mía
y se encontrarán continuamente
en la memoria leal de nuestra simiente.
Agustín Bilbao Abad
España
bilbao-zorrozua@euskalnet.net
EL LOBO BLANCO
Nunca supo cuánto tiempo
llevaba en aquella rama. Ni, menos aún, cómo
consiguió llegar hasta allí. Sólo que, gracias
a Dios, o a sus atléticos reflejos, aún estaba
vivo. Era una noche espléndida. El cielo,
afortunadamente, mostró su piedad, atendió la
oración de Luís y le regaló su paz. ¿La paz que
lo acompañará en su definitivo viaje?
Fue a media noche, la
fisiología reclamó la parte alícuota de su
cuerpo y, sin dudarlo, salió de la tienda de
campaña. Respiró profundamente el frescor de la
madrugada. El silencio más profundo agudizaba
los sentidos de tal manera que el simple roce de
una hoja bastaba para romper la quietud de la
noche. ¿Fue ese silencio lo que salvó su vida?
Es posible. Se había alejado unos cincuenta
metros de la tienda de campaña cuando, a la
izquierda, un levísimo crujido acompañado de un
veloz movimiento blanco atrajo su atención.
¿Gritó? Eso creía él.
Aunque, realmente, alguien testificó que la voz
no llegó a abandonar su garganta. Se ocultó tras
el árbol más próximo. Desde allí pudo observar
cómo un cánido salvaje cruzaba velozmente entre
unos matorrales cercanos. Su vida pendía de una
simple y feroz voluntad: la de aquel lobo que
rondaba alrededor de la zona de acampada.
Por mucho que hayan
asegurado sobre las escasas posibilidades de que
un lobo atacase a un hombre por estos parajes
–nadie en el lugar recuerda tal accidente-, en
este caso, Luís no podía tener la más mínima
confianza en que se mantuviese la “tradición”.
¿Motivo? Éste no parecía un lobo normal. Si la
vista no le había jugado una mala pasada, se
trataba de un lobo ártico escapado de algún
circo de los que, durante el verano, recorren
los pueblos serranos para ocio y regalo de la
chiquillería que veranea por los alrededores. O,
en el mejor de los casos, ¿será un lobo albino?
Sin dudarlo un segundo,
Luís se encaramó a lo más alto de una encina.
Era lo único que podía hacer: esperar a salvo de
los feroces colmillos de aquella fiera salvaje.
Mientras estuviese allí, al menos habría una
mirada vigilante que custodiase la vida de
quienes, abajo, ignorantes del peligro que
acechaba, descansaban plácidamente.
La aurora comenzó a teñir
de tonos azulados el cielo. Las primeras toses
anunciaban el renacer de la vida en el
campamento. Una cremallera, abriéndose, rasgó el
espacio antes de que una carita inocente asomase
por la rendija.
-¡Kuqui! –llamó.
-¿Kuqui? ¿Qué le pasa a
Kuqui? –preguntó luís, alarmado.
-¿Qué haces ahí, papá?
¿Estás cogiendo bellotas?
-Eso no importa ahora,
hijo. ¿Qué le pasa a Kuqui?
-Nada, que se escapó esta
madrugada. ¡Kuquiiiii!
Segundos después, Kuqui,
un caniche travieso y juguetón atravesó el
campamento pasando por debajo de la encina en la
que aún permanecía refugiado Luís. Detrás del
caniche, un hermoso ejemplar de dálmata, de
escasísimas manchas negras, perseguía a Kuqui
entre latidos y juguetones mordiscos.
-Mira qué lindo, papá, un
lobo feroz disfrazado de dálmata –explicó,
innecesariamente, el niño-. Debe de ser de algún
cortijo cercano pues está rondando a Kuqui desde
ayer tarde.
Y Luís, consolándose a sí
mismo, repitió cien veces en voz baja aquello de
que “a bestia que no conozcas no le toques la
oreja”.
-Papá ¿Y las bellotas?
-¿Bellotas? ¡Bellotas…!
Sin poder ocultar el
sonrojo que se apoderaba de él a borbotones,
Luís bajó de la encina y, arrastrando sus
entumecidas extremidades, se metió en la tienda
sin decir palabra.
Manuel Cubero
España
macuur@ono.com

De raíces y
cortezas
Persiste el
reinado de las hojas secas
y no quiero
saber de peces muertos
que se
balancean en los finales dormidos.
A la sombra
de mí
las
madrugadas apuntan su arrogancia;
y encontré
razones cuando las hojas,
morían en mis
puños cerrados
sin que fuera
otoño.
3:45 am
La noche
asoma
-como por
casualidad-
su único ojo,
a la vértebra
de cada minuto insoportable
y le cuelga
sus ganas
tremendas de seguir creciendo.
La noche me
guarda rota en cada esquina,
juzga mis
huesos
y las plumas
del aire que nunca eché a volar;
juzga y hace
iguales
soportablemente iguales,
todos los
actos de fe.
Irina
Toledo
Cuba
itoledo28@yahoo.es

LA PROMESA
La encontré
propicia a disfrutar del amor como el fuego de
lar favorece contar leyendas.
Las últimas luces
paralizaban la libertad del valle. Encima del
bosque se veían jirones rojos: heridas de sol.
Bajo el azul oscuro se escapaba el viento tras
destrozar los colores más hermosos.
Muy alegre me
dijo: -¿Sabes?, ahora solo te amaré a ti.
Sentados desnudos,
recibíamos los últimos del atardecer, que nos
vestían de acuarela. Colores que el ocaso los
consideró perdidos para siempre. El sol que
huía, la brisa que nos acariciaba y el olor de
su piel suavemente embriagador, fueron los
únicos testigos de los regalos que nos
hicimos.
Amanece. Las matas
de romero perfuman, alegran y, se despiertan. La
colina de pinos detiene la tormenta. No pude
dormir en toda la noche, la lechuza no dejaba de
inquietarme con sus silbidos.
Huella conocida,
quieta, eterna. Sí, indiferente entre penas y
niebla, tiznada de celos, quería pararme, andar,
entre árboles azules rasgados de púrpura,
confiar en su lealtad. Por lo tanto era preciso
que los recuerdos tristes, para ser olvidados,
desterrados, y, arrojados al barranco, tendría
que encontrar la más profunda oscuridad con la
que tapar lo sucedido el último verano en la
playa.
Tumbados entre las
rocas del acantilado, siempre solitario, estaban
abrazados con amarras de hierro.
Ella con los
labios entreabiertos…
Y ahora…, “solo te
amo a ti”.
No he tenido valor
de decir nada. Para no perder su amor, mis
rencores de féretro, se han ido siguiendo la
ruta del sol.
En la caligrafía
del vuelo de las aves, sobre el cristal del
lago, pude leer: Es verdad, desde ahora, solo te
querrá a ti para siempre.
Con la
desaparición del mensaje, -como cuando
desaparecieron los Mandamiento en las Tablas de
la
Ley-, pesa su
promesa sobre mi conciencia.
José Álvarez (ATHO)
España
xurkos@yahoo.es

Instrucciones para el amor
Descreer
de la cordura.
Rescatar
la memoria y el instinto.
En ritmo
de cortejo fusionar las mareas.
Ensambladas las manos sin guantes de
rutina.
Hurgar
con la boca los húmedos secretos
lamiendo
la sal del deseo. Despacio.
Los
sueños despeinados, cuerpo a cuerpo.
Gemir de
rodillas el fuego
conteniendo la rompiente en su límite.
Y
apagar la sed en tus ojos...
Gabriela Delgado
Argentina
|
Agradecemos
que las colaboraciones sean debidamente corregidas antes
de enviarse. No se publicarán textos con faltas de ortografía ni
escritos
con puras mayúsculas. El material se enviará en formato Word,
sin justificar y escritos a espacio sencillo, se incluirá
nombre, correo y
país de origen.
Así mismo, extendemos nuestro agradecimiento a
los cientos de
colaboraciones enviadas. Todos
los textos
son archivados en las
distintas secciones temáticas como seleccionables por
el Equipo Editor
para sucesivos números de la Revista.
Se
informará a los autores de su publicación.
A t e n t a m e n t e
Equipo Editorial
Palabras Diversas
Si deseas
colaborar con material para esta sección escribe a:
editores@palabrasdiversas.com
|